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Guerra contra Irán: presión inflacionaria y golpe al esquema de Caputo atado a Trump

La agresión militar coordinada entre Estados Unidos y el Estado colonialista de Israel contra Irán genera turbulencias en la economía mundial. La guerra se sitúa en una de las regiones más importantes del mundo en producción de gas y petróleo. Los ataques a refinerías y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del comercio mundial de crudo, ponen en riesgo el suministro de estos hidrocarburos.

El lunes, en la primera jornada bursátil en medio de la guerra, el crudo subió casi un 10% y llegó a superar los 82 dólares por barril, el nivel más alto desde enero de 2025. En lo que va del año, el petróleo ya acumulaba un incremento cercano al 20%.

En tanto, el precio del Gas Natural Licuado (GNL) se disparó 50% luego de que Qatar detuvo la producción de gas y Arabia Saudita cerró su mayor refinería de petróleo nacional tras un ataque con drones.

El temor a una guerra prolongada en Medio Oriente detonó el pánico en los mercados. El Fondo Monetario Internacional llegó a advertir este martes que la guerra podría oscurecer las perspectivas económicas globales si se disparan los precios de la energía por un conflicto regional prolongado.

Las principales bolsas europeas y Wall Street acentuaron su tendencia bajista , y los países llamados “emergentes”, con mayor riesgo, sufrieron el impacto. En Argentina, el dólar rebotó 20 pesos, a $1.435 en el Banco Nación y alcanzó un máximo en 3 semanas. Las acciones argentinas cayeron hasta 8% y el riesgo país llegó al borde de los 600 puntos.

Un reporte global del banco Citi marcó una advertencia para Argentina: “Países con bajas reservas de divisas, como la Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía, enfrentan mayores riesgos de salidas repentinas de capital y depreciación de sus monedas”.

Esta situación se da en un contexto donde la demanda de dólares fue fuerte en el arranque del año. En enero, hubo un total de u$s2.730 millones en compras netas de billetes y divisas, «sin fines específicos», según el BCRA. Es el mayor volumen de atesoramiento desde 2018 en el primer mes del año, cuando se acumularon u$s3.073 millones. A su vez, es el registro más alto desde octubre pasado.

Caputo primero salió a atajarse diciendo que es un shock fuerte y que “va a tener sus consecuencias”. Luego intentó poner paños fríos, diciendo “hay orden macroeconómico» y que eso es «el mejor escudo».

En igual sentido, el titular de YPF Horacio Marín, afirmó que “no va a haber cimbronazos” en el precio del combustible. Aunque admitió que si el precio del barril permanece alto durante un tiempo prolongado, eso hará subir los valores locales del combustible.

Con la Ley Bases (N° 27.742) y su reglamentación (Decreto 1057/2024), el Gobierno modificó la política petrolera argentina, pasando del paradigma de “autoabastecimiento” a uno de libre mercado y exportación. En un país productor, el Estado ya no fija precios ni interviene en la comercialización. Así lo denunciaba el diputado del PTS en el Frente de Izquierda, Christian Castillo, durante la votación.

El alza del petróleo podría beneficiar a las exportadoras. Pero también el costo de los usuarios particulares y el transporte consumidores de combustible. Lo cual podría implicar un traslado hacia casi toda la economía.

En Argentina, el 90% del transporte depende del camión, como también el gas para la industria o la propia generación de energía que en el país depende fuertemente de los combustibles fósiles, principalmente el gas natural, que representa cerca del 84% de la matriz.

El Gobierno dió grandes beneficios a las exportadoras con el RIGI. Una economía debilitada y dependiente de los “favores” de Trump. Mientras a la mayoría nos espera una inflación persistente que carcome nuestros ingresos y ahora se ve aún más presionada por la guerra imperialista de Estados Unidos contra el pueblo iraní.

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