El hallazgo de restos de organismos marinos en la cima del Everest confirma que el pico se formó a partir del lecho de un antiguo océano, elevado por el choque de placas tectónicas hace millones de años.
El Monte Everest, el pico más alto del mundo con 8.848 metros sobre el nivel del mar, no siempre fue una montaña. Científicos han documentado el descubrimiento de fósiles marinos en su cumbre, lo que ayuda a comprender su formación geológica y evidencia que esa zona estuvo cubierta por agua en el pasado distante.
Ubicado en el Himalaya, en la frontera entre Nepal y el Tíbet (China), el Everest es conocido por sus condiciones extremas para el montañismo. Sin embargo, su historia geológica es aún más asombrosa. Investigaciones recientes, basadas en la llamada «Formación Qomolangma», han vuelto a poner el foco en estos hallazgos.
Una investigación liderada por David A.T. Harper, del Museo de Historia Natural de Dinamarca, señala: «Las rocas más altas de la Tierra, que marcan la cima del Monte Everest, son calizas del Ordovícico, depositadas en un cálido mar de aguas poco profundas hace unos 450 millones de años». El estudio agrega: «Más notable aún es que estas rocas todavía contienen fósiles de animales marinos como braquiópodos y crinoideos».
Otro estudio, titulado «Geología de la caliza de la cumbre del Monte Qomolangma (Everest) e historia del enfriamiento de la Banda Amarilla», indica que la caliza descubierta contiene fragmentos de trilobites, ostrácodos y crinoideos, confirmando un origen en un ambiente marino somero y cálido.
La explicación científica apunta a que estos sedimentos se depositaron en el fondo de un océano antiguo. Posteriormente, la colisión de la placa tectónica de la India con la placa Euroasiática provocó el plegamiento y elevación de la corteza terrestre, transformando ese lecho marino en la cordillera del Himalaya y, finalmente, en el pico más alto del planeta.
