El aumento del precio del petróleo, impulsado por la guerra, genera advertencias de recesión global y presiona sobre la política antiinflacionaria local.
El conflicto en Medio Oriente continúa siendo un factor de alta relevancia en la escena internacional, debido a su duración, complejidad y sus efectos sobre la economía global. Analistas señalan que las perspectivas de una pronta resolución son inciertas, lo que mantiene la volatilidad en los mercados energéticos.
Voces influyentes del sector financiero, como Larry Fink, chairman de BlackRock, han alertado sobre el riesgo de una recesión global si el precio del petróleo se mantiene de forma persistente en niveles elevados, alrededor de los 150 dólares por barril. En foros especializados como la CERAWeek, economistas como Kenneth Rogoff de Harvard han planteado escenarios preocupantes, comparando la actual restricción en la oferta de hidrocarburos con crisis anteriores.
Este contexto internacional se traduce en aumentos en los precios de los combustibles a nivel mundial. En Estados Unidos el incremento promedio es del 30%, en Chile del 54%, mientras que en Argentina las subas en el último mes oscilaron entre el 12% y el 16%. Este aumento, aunque menor al de otros países, representa un desafío para la política económica local, dado el peso de los combustibles en la estructura de costos y su impacto inflacionario.
En otro orden, y de manera separada al contexto bélico, la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York revocó una sentencia que obligaba a la Argentina a pagar una indemnización de 16.000 millones de dólares al Grupo Petersen. Este fallo modifica el escenario judicial en un litigio de larga data.
La evolución del precio del petróleo y su impacto en la economía local continúan siendo factores de observación para analistas y el mercado, en un escenario global marcado por la incertidumbre.
