Con una presencia creciente en el mercado local, los vehículos de origen chino enfrentan el interrogante sobre su depreciación y comportamiento en el mercado de usados. Un estudio internacional y factores locales ofrecen las primeras pistas.
El avance de las marcas chinas en la industria automotriz dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. En los últimos años, estos vehículos ganaron presencia en distintos mercados con una propuesta que ya no se apoya únicamente en el precio, sino también en la tecnología y el equipamiento. Sin embargo, todavía genera dudas entre los consumidores qué pasa con su valor de reventa con el paso del tiempo.
En términos globales, la evolución de estas marcas es evidente. Atrás quedaron los modelos básicos que buscaban competir exclusivamente por costo. Hoy, gran parte de la oferta incorpora asistentes a la conducción, sistemas de conectividad avanzados y niveles de seguridad que, de mínima, equiparan a los vehículos tradicionales del mismo segmento. Este salto cualitativo explica, en parte, el crecimiento que vienen registrando en distintos mercados.
En la Argentina, ese proceso comenzó a acelerarse recientemente. La mayor apertura comercial y, especialmente, el cupo de hasta 50.000 vehículos electrificados sin arancel extrazona (siempre que no superen los US$16.000 FOB) generaron un escenario propicio para el desembarco de nuevas marcas y modelos. El impacto ya empieza a reflejarse en los números. En febrero, el 11,5% de los vehículos patentados en el país provinieron de China.
Aun así, el mercado local sigue siendo incipiente y con una oferta atomizada entre múltiples marcas de bajo volumen. Esto introduce incógnitas en términos de reventa, como lo es la consolidación de estas compañías en el tiempo, su capacidad de mantener un stock fluido de repuestos y de servicio de postventa.
Para entender cómo podría comportarse el valor residual de los modelos chinos, un estudio realizado en España —uno de los mercados europeos donde más crecieron— aporta algunas pistas. Según el análisis de Ganvam-DAT, un vehículo de origen chino conserva, en promedio, el 60,7% de su valor inicial luego de tres años de uso. En comparación, los modelos de marcas generalistas retienen un 65,5% en el mismo período. La diferencia existe, pero no es significativa.
De hecho, los especialistas señalan que parte de esa brecha se explica por el tipo de motorización, ya que muchas marcas chinas tienen una fuerte presencia en vehículos eléctricos o electrificados, segmentos donde la rápida evolución tecnológica y la baja progresiva en los precios de los modelos nuevos tienden a acelerar la depreciación. Este punto es clave para interpretar el fenómeno. A diferencia de lo que ocurre con los autos a combustión tradicionales, donde las mejoras son más graduales, en los eléctricos la tecnología avanza a un ritmo mucho más veloz. Eso impacta directamente en el valor de los usados, independientemente del origen de la marca.
En el caso argentino, además, hay factores adicionales a considerar. La llegada relativamente reciente de muchas de estas automotrices implica que todavía no existe un historial suficiente para evaluar con precisión su desempeño en el mercado de segunda mano, porque los vehículos que llevan muchos años pertenecen a otra generación. A esto se suma la construcción de marca, la red de posventa y la disponibilidad de repuestos, elementos determinantes a la hora de definir el precio de reventa de un vehículo.
En ese contexto, los especialistas coinciden en que aún es temprano para sacar conclusiones definitivas. Los modelos chinos actuales muestran un salto evidente en calidad y seguridad respecto de generaciones anteriores, lo que podría jugar a favor de su valor residual. Sin embargo, el verdadero test llegará con el paso de los años y el aumento del kilometraje.
