La misión Artemis II, que despegó rumbo a la Luna, marca un hito en el retorno humano a nuestro satélite, aunque sin alunizaje. Expertos analizan las complejidades tecnológicas, políticas y presupuestarias que explican por qué han pasado más de 50 años desde la última visita.
«Hoy en día tu teléfono móvil tiene más potencia computacional que toda la NASA en 1969, cuando envió a dos astronautas a la Luna por primera vez». La frase del físico Michio Kaku sirve para ilustrar la evolución tecnológica exponencial desde la misión Apolo 11. Sin embargo, desde 1972 ningún ser humano ha vuelto a pisar la superficie lunar. La misión Artemis II, que despegó esta semana con cuatro astronautas a bordo, dará una vuelta a la Luna en un viaje de 10 días, pero no incluirá un descenso. Para un nuevo alunizaje habrá que esperar, al menos, hasta Artemis IV, planeada para 2028.
Artemis II, originalmente prevista para 2024, sufrió varios retrasos por inconvenientes técnicos. Los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor J. Glover y Jeremy Hansen realizarán maniobras de preparación para futuras misiones. La pregunta que surge es: ¿por qué tantas pruebas para algo que Estados Unidos logró hace más de cinco décadas?
La llegada del ser humano a la Luna en 1969 fue una hazaña monumental, ocurrida en el contexto de la Guerra Fría y con una fuerte motivación política y propagandística. «En la práctica, es muy difícil convencer al Congreso de aprobar un presupuesto tan desmesurado cuando, desde el punto de vista científico, no había suficientes razones para regresar a la Luna», explicó Michael Rich, profesor de Astronomía de la Universidad de California en Los Ángeles, en 2017. Durante el programa Apolo, la NASA recibía casi el 5% del presupuesto federal de EE.UU.; en la actualidad, esa cifra ronda el 0,35%.
El programa fue cancelado en 1972 debido al aumento de costos y al cambio de prioridades, que se centraron en la órbita terrestre baja, como la Estación Espacial Internacional. «La exploración sostenible (tanto en el espacio como en la Tierra) requiere un compromiso político estable, una financiación predecible y un propósito claro a largo plazo», escribió el físico Domenico Vicinanza en The Conversation. «Tras el programa Apolo, EE.UU. tuvo dificultades para mantener estos tres elementos simultáneamente».
El programa Artemis, creado en 2017, logró realinear esos factores. Con un costo estimado de 93.000 millones de dólares hasta la fecha, involucra a miles de personas y busca establecer una exploración lunar sostenible. A diferencia de Apolo, cuyo modelo «no estaba diseñado para perdurar», Artemis incorpora tecnología desarrollada para programas anteriores, como Constellation, cancelado en 2010. Según la NASA, el objetivo es «explorar una mayor parte de la Luna con fines de descubrimiento científico, beneficios económicos y para sentar las bases de las primeras misiones tripuladas a Marte». Para ello, planean construir una estación espacial lunar y una base en la superficie.
Mientras tanto, el regreso a la Luna sigue siendo un desafío que combina avances tecnológicos, voluntad política y una visión a largo plazo.
