El INDEC informó una baja en los índices de pobreza e indigencia para el segundo semestre de 2025. Expertos analizan los factores detrás de la cifra y los debates sobre la fiabilidad y representatividad de la medición.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que, durante el segundo semestre de 2025, la pobreza por ingresos en Argentina se ubicó en el 28,2% y la indigencia en el 6,3%. Estas cifras representan el registro más bajo desde comienzos de 2018.
Según el organismo, entre los factores que contribuyeron a esta mejora se encuentran la desaceleración inflacionaria, cambios en los precios relativos -con los alimentos creciendo por debajo del promedio- y el impacto de las transferencias monetarias en los hogares más vulnerables. La caída de la indigencia es señalada como el indicador más sensible a esta combinación de elementos.
Sin embargo, el análisis de la evolución trimestral indica que, en el cuarto trimestre de 2025, se habría registrado un repunto de ambos indicadores, alcanzando el 29,5% de pobreza y el 6,6% de indigencia.
Más allá de la discusión sobre la cifra puntual, especialistas señalan la importancia de examinar la robustez y representatividad de la medición. La pobreza por ingresos es una medición indirecta que compara el ingreso familiar con una Canasta Básica Total (CBT), construida a partir de una Canasta Básica Alimentaria (CBA) y un componente no alimentario estimado según patrones de consumo.
Dos aspectos metodológicos centrales son objeto de debate. En primer lugar, la captación de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Desde fines de 2023, se observa un incremento en la declaración de ingresos laborales y no laborales, asociado a cambios en el cuestionario para mejorar el registro de programas sociales y transferencias. Esto podría significar que parte de la caída en la pobreza medida se explique por una mejor captación de ingresos ya existentes, y no necesariamente por una mejora proporcional en la capacidad de consumo.
En segundo lugar, se discute la actualización de la Canasta Básica Total (CBT). La línea de pobreza actual se basa en patrones de consumo de hace dos décadas. Con una mayor relevancia de servicios y tarifas en el presupuesto familiar, y un reordenamiento de los precios relativos en los últimos años, una actualización de la CBT utilizando los patrones de consumo más recientes (ENGHo 2017-2018) elevaría significativamente su valor y, en consecuencia, el porcentaje de pobreza medido.
Esta discusión técnica tiene implicancias sociales concretas. Existe una paradoja observada: hogares que estadísticamente aparecen como «menos pobres» pueden experimentar una reducción en su ingreso disponible para consumos esenciales no alimentarios, como vivienda, transporte, energía y comunicaciones. La fiabilidad del dato es fundamental, ya que este indicador ordena diagnósticos de política pública, define umbrales de urgencia y estructura el debate democrático sobre la distribución del bienestar.
