Expertos en emprendedurismo destacan la importancia de la planificación, el control presupuestario y la separación de cuentas para sostener un negocio en un contexto económico complejo.
La gestión financiera representa un pilar fundamental para la sostenibilidad de cualquier emprendimiento, especialmente en un entorno económico con desafíos como la inflación y la volatilidad. Aprender a interpretar el flujo de caja y desarrollar hábitos financieros sólidos es clave para que un negocio se mantenga incluso en períodos de crisis.
«Para hacer las cosas bien desde el punto de vista de las finanzas, hay que entender que son la forma de medir el negocio y en qué podemos mejorar. Uno piensa en finanzas como algo abstracto y concreto, pero en verdad es un arte de encontrar el equilibrio entre analizar y hacer», reflexionó Leo Piccioli, economista y emprendedor, durante el segundo capítulo de la segunda temporada de “Manual de Emprendedores”, elaborado junto con Andreani y Personal.
Uno de los errores más comunes al iniciar un negocio es no diferenciar las finanzas personales de las de la empresa. Aunque al principio se maneje todo por un mismo canal, llega un punto donde es necesario organizar y dividir las cuentas para tener control sobre ambas. «Es un error financiero que vemos seguido. Nos ha pasado de analizar el estado de resultados y encontrar que uno de los gastos eran los pañales del hijo, por ejemplo. Después no les da la rentabilidad del negocio. Por eso, la planificación y el seguimiento del control presupuestario son fundamentales», dijo Carlos Canudas, consultor especializado en franquicias.
Un primer paso recomendado es asignarse un salario fijo mensual como jefe y crear una cuenta bancaria específica para los giros comerciales, reservando otra para gastos personales. Esta práctica evita descapitalizar la empresa con consumos propios y permite crear un fondo de ahorro para emergencias o reinversión.
«Siempre le recomiendo a los emprendedores que desde el día uno pongan en su cuadro de resultados el sueldo que ellos podrían cobrar, aunque hoy no lo cobren. El emprendedor tiene que tener en claro que tiene dos roles: uno como socio accionista y otro como trabajador de la empresa que debe estar valorizado», explicó Silvia Torres Carbonell, profesora y presidenta del Centro de Emprendedores IAE.
Otro hábito esencial es mantener un registro diario de todos los ingresos y egresos. Esto permite tener claridad sobre los flujos de dinero y evitar sorpresas, como facturas impagas o descubiertos bancarios que generan intereses. Para Canudas, los tres egresos más importantes en cualquier empresa son el costo de la mercadería vendida, el alquiler y los recursos humanos con su carga social, que en conjunto pueden representar casi el 80% de los gastos. «Estos son los tres rubros que más se tienen que atacar, hay que ver la eficiencia. Antes, con la inflación valía todo, ahora hay que estar en los detalles», completó.
En Argentina, la inflación requiere una atención particular. Es fundamental tener una noción de cuánto se pagó por la mercadería y cuánto se espera que suban los precios para no perder con el costo de reposición. Si bien a veces esto lleva a comprar stock adicional, esta estrategia puede inmovilizar dinero y no siempre es la más adecuada.
«La inflación es un cáncer para la sociedad. Puede suceder que la empresa tenga una estrategia financiera para prepararse cuando los precios suben, como invertir en stock. Pero el grave problema es que cuando la inflación oculta la falta de productividad o la falta de rentabilidad real. No hay que confundir tener mucho en caja con rentabilidad», señalaron los expertos. La conclusión es clara: acostumbrarse a trabajar y ser rentable en un escenario sin inflación es un ejercicio necesario para la salud financiera a largo plazo.
