Tras años de abandono, una antigua casa de estilo inglés de 1930 en Belgrano fue restaurada y convertida en el restaurante «Casa Beza», un emprendimiento que busca ofrecer una experiencia cálida y hogareña con la parrilla como protagonista.
En la esquina de Avenida Olazábal y Conde, en el barrio de Belgrano, una casona de estilo inglés construida en 1930 para trabajadores del ferrocarril pasó décadas en el abandono. Tras una exhaustiva reforma de tres meses, el inmueble recuperó su esplendor y abrió sus puertas en agosto de 2024 como el restaurante «Casa Beza».
Belén Zanchetti, sommelier de 29 años y una de las socias del proyecto, regresó a Argentina tras formarse en Europa para concretar este sueño familiar. «Soñé con este proyecto toda mi vida», confiesa, destacando su deseo de crear un lugar con la energía y calidez local. El nombre del restaurante combina las primeras sílabas de su nombre y apellido.
La búsqueda del lugar perfecto culminó al encontrar esta casona en alquiler, que se encontraba en ruinas y con la vegetación creciendo de manera descontrolada. Junto a su madre Cecilia y otro socio, Raúl, se embarcaron en una obra que buscó conservar la esencia original de la casa. Cecilia, apasionada por la arquitectura, lideró la reforma, restaurando pisos, cañerías y adaptando los ambientes.
El corazón de la propuesta gastronómica es una parrilla a la vista, ubicada en un patio rodeado de un jardín con enredaderas. El menú se centra en carnes y vegetales asados, acompañados por una selección de vinos naturales de distintas provincias argentinas.
La inauguración, prevista para agosto de 2024, se vio postergada por una fuerte tormenta que dañó la enredadera principal del portón. Sin embargo, meses después, la planta rebrotó con más fuerza, un hecho que los emprendedores tomaron como una metáfora de resiliencia. Finalmente, abrieron en un día de sol con una inmediata aceptación del público y vecinos del barrio.
«Lo pensamos como un lugar donde cada persona se sienta relajada, cuidada, como en casa de un amigo», explica Belén. El lugar se ha convertido en un punto de encuentro, donde antiguos residentes de la casa se acercan a compartir anécdotas e historias, devolviendo así la vida a un rincón histórico de Belgrano.
