Una experta en crianza propone una pausa reflexiva para comprender las necesidades detrás del comportamiento infantil, priorizando la enseñanza sobre el señalamiento del error.
La crianza respetuosa y el establecimiento de límites pueden representar un desafío significativo para padres, madres y cuidadores. En este contexto, la coherencia, la empatía y la calma se presentan como aspectos fundamentales. Sofía Lewicki, psicóloga especialista en crianza, destacó en un diálogo con Clarín que «antes de retar a un niño conviene hacer una pausa breve y preguntarnos algunas cosas para entender qué está pasando realmente en el fondo, es decir, qué hay detrás de la conducta».
La especialista explicó que, ante situaciones como un berrinche o un error, la reacción adulta suele ser inmediata frente a lo observable, pero «la conducta es sólo la parte visible de algo más profundo». Lewicki señaló que muchas conductas interpretadas como negativas son, en realidad, expresiones de una necesidad no satisfecha. Por ejemplo, un niño que grita en el supermercado podría estar cansado o sobrepasado por los estímulos; uno que empuja a un hermano puede manifestar frustración.
«Es importante empezar a ver que los comportamientos —tanto de nuestros hijos como los nuestros— son una forma de comunicar algo», detalló. Como primer paso, recomendó indagar en las necesidades básicas: ¿durmió bien?, ¿tiene hambre?, ¿está cansado?, ¿necesita contacto o atención?
Lewicki también hizo hincapié en la importancia de considerar la etapa del desarrollo del niño. «A ciertas edades, exigirles es ir en contra de su fisiología del desarrollo», afirmó. Capacidades como esperar con paciencia, compartir o tolerar la frustración se aprenden con el tiempo y la guía amorosa.
Asimismo, la psicóloga recordó que el estado emocional del adulto es crucial. «Los adultos también tenemos un sistema nervioso que se agota», señaló. Un día estresante puede hacer que una situación menor con un niño se perciba como desbordante, cuando el origen del malestar no es el niño, sino el estrés acumulado.
La experta distinguió entre el objetivo de enseñar y el de simplemente señalar el error. «Retar está más ligado a un lugar de señalamiento del error que a poder crear una situación de aprendizaje», afirmó. En este punto, los límites se presentan como aliados, ya que demarcan un espacio seguro y ofrecen oportunidades para comprender consecuencias. Por ejemplo, en lugar de decir «¡dejá de hacer eso!», si un niño tira un juguete, se le puede explicar: «Cuando tirás cosas, podés lastimar a alguien. Vamos a buscar otra forma de descargar ese enojo».
Finalmente, Lewicki enumeró cinco preguntas clave que los padres pueden formularse antes de corregir a un hijo, con el fin de fomentar una crianza basada en la comprensión y el aprendizaje.
