Tras diez meses consecutivos de suba de precios, el índice de marzo alcanzó el 3,4%. El equipo económico analiza medidas mientras se revisan las proyecciones de crecimiento.
La inflación en Argentina registró en marzo un incremento del 3,4%, marcando el décimo mes consecutivo de suba. Este dato, que superó las expectativas del equipo económico, se ha convertido en un eje central de análisis dentro del Gobierno.
Según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec), el aumento de precios impacta en el poder adquisitivo. En febrero, los salarios registraron un incremento del 1,8%, por debajo de la inflación del 2,9% de ese mes, acumulando así seis meses de caída en términos reales.
El Presidente Javier Milei había proyectado, en su discurso ante el Congreso, una inflación anual del 10,1% para 2026 y un crecimiento exponencial de la actividad económica. Sin embargo, las metas se han reajustado, buscando ahora que el índice anual termine por debajo del 31,5% registrado el año pasado. Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) moderó sus expectativas de crecimiento para Argentina, estimándolo en un 3,5% del PBI para el presente año.
En declaraciones recientes, el mandatario ratificó el compromiso con la ortodoxia económica. «Si no nos acompañan, nos volvemos a casa», afirmó, en alusión a la continuidad del plan. Paralelamente, el Banco Central anunció nuevas flexibilizaciones en las regulaciones de encajes bancarios, con el objetivo de dinamizar el crédito.
La evolución de los precios es monitoreada de cerca por diversos sectores. Las estimaciones para el índice de abril se ubican mayoritariamente en torno al 2%, un dato que el oficialismo consideraría positivo en el contexto actual. Sondeos de opinión reflejan que la preocupación por la situación económica se extiende a distintos segmentos del electorado.
El ministro de Economía, Luis Caputo, ha señalado en reuniones internas que «el único riesgo que nos queda es el riesgo político», en un contexto donde la tensión interna dentro de la coalición oficialista genera incertidumbre. Desde el entorno presidencial se destaca la centralidad del éxito económico para la gestión.
