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Un puestero de la Patagonia descubre un dinosaurio de 160 millones de años que lleva su nombre

Dionide Mesa, un puestero de Chubut, halló restos fósiles que resultaron ser una nueva especie de saurópodo jurásico. En su honor, los paleontólogos bautizaron al espécimen como Bicharracosaurus dionidei.

El lunes 20 de abril, a las 11.30 de la mañana, Radio Nacional emitió un mensaje hacia la zona de Gorro Frigio, en el centro de la provincia de Chubut: “Para Dionides Mesa: el equipo de paleontólogos del Museo Egidio Feruglio de Trelew le hace saber que, en agradecimiento a su fundamental ayuda en el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio, al que Dionide se refería como ‘bicharraco’, el nuevo espécimen ha sido bautizado en su honor con el nombre de Bicharracosaurus dionidei”.

Así funciona el servicio de mensajes rurales de Radio Nacional: una locutora lee los recados que familiares, amigos e instituciones mandan para quienes viven en la meseta patagónica sin teléfono ni internet. El anuncio de un dinosaurio con nombre propio viaja en el mismo éter que el aviso de una visita pendiente o el saludo de unos parientes.

Dionide Mesa, que vive solo en esa zona árida del centro de Chubut y se mueve a caballo por su campo, se enteró así de que tiene una nueva especie de saurópodo jurásico bautizada en su honor. No es geólogo ni tiene formación científica: es un puestero que conoce su campo como su casa, percibe hasta la más mínima modificación del paisaje y distingue lo ordinario de lo raro con naturalidad.

José Luis Carballido, paleontólogo del CONICET con sede en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, lleva más de 25 años yendo al campo de los Mesa. “Dionide vive solo y se mueve a caballo por el campo. Cada vez que encontraba fósiles nos avisaba y decía: ‘¡Encontré un bicharraco!’, y nos llevaba hasta el lugar”, recuerda.

El hallazgo que terminó siendo el Bicharracosaurus ocurrió hace unos 15 años. Dionide avisó que había visto un espinazo. Los paleontólogos confirmaron que se trataba de vértebras articuladas y anotaron que había que volver. El yacimiento está a menos de 10 kilómetros de su casa, el más cercano de todos los que encontró. Cuando finalmente volvieron y empezaron a excavar, necesitaron tres campañas para extraer todo el material.

Dionide no es el primero de su familia en hacer este tipo de contribución. Su hermano Leonide, que trabaja en el campo lindero, fue quien años atrás avisó de un dinosaurio en su terreno, que terminó siendo el Brachytrachelopan mesai, un saurópodo de cuello corto cuyo nombre lleva el apellido familiar. Ahora los dos hermanos tienen un dinosaurio con su apellido, y Dionide además tiene su nombre propio tallado en latín: dionidei.

Esta situación tiene precedentes en la paleontología argentina. El Patagotitan mayorum, el mayor dinosaurio conocido, lleva el nombre de la familia Mayo, en cuyo campo fue descubierto. El Carnotaurus sastrei homenajea a la familia Sastre. Matías Cutro, jefe de prensa del MEF, señala que la “inmensa mayoría de los hallazgos son fortuitos y realizados por los propios pobladores”. Los científicos tienen el entrenamiento para identificar y describir las especies; los puesteros tienen el territorio, el tiempo y los ojos.

Como novedad, el MEF anunció que comenzará a entregar placas de reconocimiento formal a todos los pobladores que hayan contribuido con hallazgos, de manera retroactiva, para que quienes ya tienen un dinosaurio con su nombre también tengan algo concreto para recordar.

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