Tras años de relativa calma, una serie de secuestros en aguas somalíes alerta a la navegación internacional. La inestabilidad en Medio Oriente y la desviación de recursos militares facilitan el resurgimiento de la piratería en el océano Índico.
La costa de Somalia vuelve a ser escenario de actividad pirata. En los últimos diez días se registraron al menos cuatro secuestros de embarcaciones, lo que confirma el regreso de un fenómeno que había disminuido tras los operativos internacionales de la década pasada. La Organización Británica de Comercio Marítimo elevó el nivel de amenaza a “sustancial” y advirtió que “personas no autorizadas” tomaron el control de un buque, dirigiéndolo hacia aguas territoriales somalíes.
El Centro de Seguridad Marítima del Océano Índico (MSCIO) recomendó a los buques “mantener una mayor vigilancia, particularmente dentro de las 150 millas náuticas de la costa somalí entre Mogadishu y Hafun”. Los ataques se han vuelto más osados y los actores más numerosos. Uno de los barcos secuestrados, el cementero Sward, fue tomado en Garacad, al sur de los bastiones piratas tradicionales, lo que sugiere el surgimiento de una nueva banda, según funcionarios somalíes y expertos en seguridad.
Entre 2005 y 2012, las bandas piratas cobraron entre 339 y 413 millones de dólares por rescates. La actividad decayó gracias a patrullajes internacionales y medidas de seguridad privadas a bordo. Sin embargo, desde 2023 los piratas han vuelto a operar, aprovechando la redirección de recursos militares hacia el mar Rojo para contener los ataques hutíes. La estrategia actual consiste en abordar embarcaciones menores —veleros o pesqueros— para luego atacar buques mercantes.
El Institute for Security Studies (ISS Africa) señaló que “la prevención a largo plazo requiere un refuerzo del control marítimo liderado por Somalia, cooperación regional e inversiones en medios de vida costeros y en la gestión pesquera sostenible”. La pobreza extrema y la pesca ilegal por parte de barcos extranjeros alimentan el reclutamiento de jóvenes somalíes. La guerra en Medio Oriente ha creado un efecto dominó que, según el Horn Review, “ha redirigido activos navales, de inteligencia y aéreos hacia el Mediterráneo oriental y el norte del mar Rojo”, dejando zonas del océano Índico con menor vigilancia.
