Aspirar el perfume de flores frescas calma los nervios, tocar madera baja la presión arterial y contemplar la naturaleza estimula la actividad del cerebro. Científicos confirman que 90 minutos de caminata en un entorno verde neutralizan el pensamiento rumiante y mejoran la salud mental.
Aspirar el perfume de flores frescas calma los nervios, tocar madera baja la presión arterial y contemplar la naturaleza estimula la actividad del cerebro. Salir al parque ya no es un pasatiempo: es una necesidad biológica con respaldo científico.
Los poetas, los sabios y los místicos lo supieron siempre. Henry David Thoreau, en su ensayo Walden (1854), escribió: “No puede haber una melancolía realmente negra para el que vive en medio de la naturaleza y goza de sus sentidos”. Hoy, la ciencia confirma que abrazar árboles o perder la mirada en prados y bosques mejora el rendimiento intelectual y acelera la recuperación del estrés.
Una exposición intensa a la naturaleza produce cambios medibles en la actividad cerebral, el estrés y la atención. Con el electroencefalograma se advirtió cómo aumentaba la actividad alfa frontal, lo que denota relajación y atención centrada en lo interior. Una caminata de 90 minutos neutraliza el pensamiento rumiante, lo que no ocurre al hacer lo mismo en la ciudad.
Estos resultados fueron publicados este año en la Neuroscience and Biobehavioral Reviews, basados en 108 estudios de la Universidad de Sussex, la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, el Imperial College de Londres, la Universidad de Oxford y la Universidad de Montreal. También se demostró que bastan entre ocho y 15 minutos al aire libre para medir los efectos benéficos.
La bióloga inglesa Kathy Willis, catedrática de biodiversidad de la Universidad de Oxford y autora de Las bondades de la naturaleza (Salamandra), recoge e interpreta estudios clínicos de primer orden. Willis, quien fue directora científica del Real Jardín Botánico de Kew, afirma: “Cuando desaparezcamos como especie, la naturaleza seguirá. Ya era feliz sin nosotros”.
