India ejecutó la Operación Sindoor tras el atentado de Pahalgam en 2025, una respuesta quirúrgica contra infraestructura terrorista. El país sudamericano, que sufrió los atentados de 1992 y 1994, comparte la postura de condena sin ambigüedades.
El terrorismo sigue siendo una amenaza global que no reconoce fronteras ni ideologías. Desde el sur de Asia hasta América Latina, sus efectos han dejado sociedades heridas y familias destrozadas. En este contexto, India ha reiterado su compromiso con una lucha firme pero proporcionada contra el terrorismo transfronterizo.
Durante décadas, el país asiático ha sufrido ataques como los de Mumbai, Pulwama, el Parlamento y Pahalgam. El atentado de 2025 en Pahalgam, donde civiles fueron asesinados tras ser identificados por su religión, motivó la Operación Sindoor. Según fuentes oficiales indias, se trató de una respuesta calibrada, dirigida exclusivamente contra campamentos y plataformas de lanzamiento de grupos terroristas, evitando daños a la población civil.
La India ha subrayado que su conducta refleja los valores de una democracia responsable: proporcionalidad, precisión y rendición de cuentas. La comunidad internacional enfrenta el desafío de no caer en la indiferencia una vez que los atentados desaparecen de los titulares, y de rechazar toda justificación política del terrorismo.
Argentina conoce de cerca esta realidad. Los atentados de 1992 contra la embajada de Israel en Buenos Aires y de 1994 contra la AMIA dejaron una lección perdurable: el terrorismo no respeta geografía ni ideología. Durante la visita del primer ministro indio a Argentina, el presidente Javier Milei condenó el ataque de Pahalgam, gesto que fue agradecido por las autoridades indias.
Ambos países comparten la convicción de que el terrorismo no debe normalizarse ni condenarse de forma selectiva. La cooperación internacional y la determinación política son herramientas indispensables para enfrentar esta amenaza global.
