Un perro en situación de extrema desnutrición y abandono fue rescatado en un barrio argentino. Tras un tratamiento intensivo, su transformación física y emocional es notable.
En diciembre pasado, mientras muchas familias se preparaban para celebrar las fiestas, un perro solitario vagaba por casas vacías en busca de comida. Nadie en el barrio reconoció al animal, lo que llevó a los vecinos a sospechar que había sido abandonado en el área cercana. Le tomaron una foto y la publicaron en Facebook. De inmediato, la imagen llamó la atención de la rescatista Doly Lydia Cabrera Mayer.
Lo que la mujer vio la dejó sin palabras. El perro estaba extremadamente delgado y prácticamente sin pelo; su frágil cuerpo reflejaba una vida de penurias. “Era terrible pensar que no habría tenido ninguna posibilidad de sobrevivir si no lo hubieran publicado. Eso no era todo, nadie lo quería porque lo habían reportado como agresivo”, dijo Mayer a un medio local. “Necesitaba una oportunidad y la suplicaba”.
Cuando por fin llegó la ayuda, el animal apenas parecía un perro. Tenía la piel gruesa, ennegrecida y dolorosamente infectada. Había perdido casi todo el pelo. Le dolía cada centímetro de su cuerpo. Estaba hambriento, exhausto y acurrucado al borde de la calle. “Parecía que había perdido toda esperanza de ser visto”.
Decidida a ayudar, Mayer logró atraparlo de forma segura. Pero al acercarse al perro, vio lo profundamente que su pasado lo había afectado: años de maltrato lo habían vuelto desconfiado de las personas. “Su reacción ante los humanos fue de extrema angustia, como lo demostraban sus temblores, sus intentos de escapar y sus mordiscos a la jaula. Estaba demasiado asustado para comprender el cambio inminente en su vida”.
En lugar de asustarse, la reacción de Toto —así lo llamaron— hizo que Mayer quisiera luchar aún más por él y sin perder tiempo organizó una visita al veterinario. Lo que hicieron los médicos en primera medida fue mostrarle a Toto que el contacto físico podía ser suave y cariñoso. El animal quedó internado y en la clínica se le administraron fluidos y medicamentos intravenosos. Sufría de sarna sarcóptica, dirofilariasis (o enfermedad del gusano del corazón) y desnutrición, por lo que su estado era extremadamente crítico.
Después de cinco días en el hospital, Toto finalmente estaba listo para comenzar su recuperación. “Lo llevamos a casa y le dimos un espacio tranquilo y silencioso”, dijo Mayer, “había abundante comida y agua, y una cama mullida esperándolo”. Sabían que su recuperación sería larga y ardua. Pero en tan solo cuatro meses, Toto cambió por completo. “Experimentó una transformación asombrosa, pasó de ser invisible a convertirse en un hermoso perro peludo”, dijo Mayer.
Su peso se triplicó y pudo completar de forma satisfactoria su tratamiento. Aunque aún tiene problemas de confianza, Toto se muestra cada vez más receptivo al contacto físico y está aprendiendo a pasear con correa. Toto permanecerá en un hogar de tránsito hasta su completa recuperación, momento en el que estará listo para buscar una familia definitiva. Ha avanzado mucho y ha tenido que luchar durante tanto tiempo que bajar la guardia no es fácil. Pero con el tiempo, aprenderá que ser un perro puede significar días llenos de siestas al sol, caricias suaves y comida siempre a su alcance.
