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Nada marcha de acuerdo al plan: la economía se frena, la industria en crisis y la inflación avanza

El ocaso de los ídolos: de Domingo Cavallo hasta los empresarios benefactores sociales, todos pasaron a la trinchera enemiga. La inflación no cede: Milei pierde la batalla fundamental que prometió ganar. La economía se estanca. La crisis industrial avanza potente ¿Destrucción creativa? Milei enfrenta una huelga de inversiones.

El presidente Javier Milei consagró un triunfo durante el último viernes con la aprobación de la contrarreforma laboral. En el Senado contó con el apoyo del PRO, la UCR, gobernadores de Misiones, Chubut, Neuquén, y sectores del peronismo de Córdoba, Tucumán y Salta. Otro tanto había ocurrido la Cámara de Diputados. Milei lleva el fetichismo de la mercancía al extremo: fue al “mercado” y se compró varios peronistas. Los del PRO y la UCR ya estaban vendidos desde antes.

Los males para la clase trabajadora se conocen: crea el banco de horas que elimina las horas extras; permite fraccionar las vacaciones con el derecho a tomarlas en verano solamente una vez cada tres años; abarata indemnizaciones por despido; crea el FAL que robará unos dos mil millones dólares anuales a la clase trabajadora (activa y pasiva) para entregárselos a los especuladores financieros amigos del ministro de Economía, Luis Caputo; impide asambleas si no son autorizadas, limita la elección y accionar de delegados; ataca el derecho a huelga; y se podrían seguir enumerando ataques.

La aplicación de la contrarreforma lugar por lugar está por verse. A pesar de la CGT, el paro del jueves 19 de febrero fue contundente y la clase trabajadora ofrece muestras de resistencia a los planes de Javier Milei y del capital financiero internacional: FATE es un caso emblemático.

Industricidio: el mapa de la catástrofe

Este domingo por la noche, en la apertura de las sesiones del Congreso, Milei seguramente se autoperciba el «mejor presidente de la historia» y afirme que el país está por «despegar a la estratosfera». Pero su tono autocelebratorio contrasta con una economía indomable.

En términos coyunturales, la industria comenzó a caer a mediados de 2025, pero arrastra un estancamiento de más de una década. En enero, se produjo una retracción industrial general de 3,6 % interanual, según FIEL, y de 4,4 % interanual, según la consultora de Orlando Ferreres (todavía no existen datos oficiales). También en enero, según la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), que representa a una de las principales ramas industriales, la producción exhibió una baja del 20,7% con respecto de diciembre y una disminución del 30,1% con relación a enero del 2025. Los primeros números del inicio de año y la oleada de cierres, suspensiones y pedidos de preventivos de crisis indican que la industrial está experimentando un salto en su crítica situación. La apertura económica y la caída del consumo son señaladas como las principales causas.

La toma que llevan adelante los trabajadores de FATE es simbólica en muchos sentidos: expone crudamente la crisis industrial a la que conduce el esquema económico actual; exhibe a la burguesía nacional, representada por Javier Madanes Quintanilla, uno de los empresarios más ricos del país, aplicando la reforma laboral en los hechos y descargando la crisis sobre los laburantes; y, fundamentalmente, muestra a una clase obrera dispuesta a presentar batalla en defensa de su fuente de trabajo. Novecientas veinte familias están en la incertidumbre por la decisión de Madanes Quintanilla de cerrar la fábrica de neumáticos.

La crisis industrial abarca toda la geografía del país. En Tierra del Fuego, los trabajadores de Aires del Sur, una empresa que fabrica aires acondicionado de las marcas Electra y Fedders, también recurrieron a la toma de fábrica para preservar ciento cuarenta puestos de trabajo. La clase obrera se hermana en la lucha: trabajadores de FATE y Aires del Sur se cruzaron saludos solidarios. También en Tierra del Fuego, en la fábrica de electrodomésticos Newsan, el empresario Rubén Cherñajovsky, despidió a cuarenta y cinco empleados y suspendió a otros setenta, a la espera que la contrarreforma laboral le otorgue mejores condiciones para sus ganancias, como denunció una trabajadora.

La empresa Georgalos, en el partido de San Fernando (el mismo de FATE) anunció una nueva tanda de suspensiones con reducción salarial: la medida se aplica sobre delegados, congresales y trabajadores con más de treinta años de antigüedad que son suspendidos por tercera vez. En Pilar, los ceramistas de Ilva enfrentan un “lock out” patronal y despidos.

En Córdoba, La Paila, una histórica firma de alfajores, anunció su cierre. Decenas de trabajadores quedan en la calle. En esta provincia, la empresa de neumáticos IBF también despidió a cuarenta personas; también cerró Córdoba Goma, un histórico comercio ubicado en pleno centro de la capital cordobesa. Por otro lado, la fábrica de motores de electrodomésticos WEG despidió a una veintena de trabajadores aduciendo que está sufriendo por las importaciones.

Incluso el «apoyo» al gobierno se vuelve bumerán: el Grupo Marengo (Santa Fe), que lanzó caramelos “No hay plata” en apoyo a Milei, entró en crisis terminal por la caída del consumo. En la Pampa, el Frigorífico General Pico solicitó un Proceso Preventivo de Crisis (PPP).

En el Litoral la crisis tiene sus propios episodios. La avícola Tres Arroyos cerró una de las plantas que posee en Entre Ríos. La empresa textil Emilio Alal, con más de cien años de existencia, en enero bajó las persianas en sus plantas de Corrientes y Chaco: provocó unos doscientos sesenta despidos. El NOA no queda afuera: en La Rioja, la empresa Hilados solicitó un PPP; en Tucumán, TN Platex también dejó de producir cargando el costo de la crisis sobre la clase trabajadora con ciento noventa suspensiones y el ofrecimiento de despidos voluntarios.

Se pueden mencionar muchos otros casos. La cervecera Quilmes produjo despidos. Seca SA, que produce las marcas Cocot y Dufour, arrojó a la calle a ciento cuarenta trabajadores. En San Luis cerró la empresa Masterlajas que produce piedra laja. Alimentos Refrigeradoras, que elaboraba lácteos para Sancor, dio por finalizada su actividad en Lincoln (provincia de Buenos Aires) y en Monte Cristo (Córdoba) despidiendo cerca de cuatrocientos laburantes.

Este rápido repaso contempla solo los casos conocidos recientemente. Pero la lista es mucho más larga si se va más atrás en el tiempo. El gobierno festeja la apertura económica como una espada que “disciplina” a empresarios inescrupulosos que aprovecharon condiciones de protección previas para obtener una rentabilidad extraordinaria, como confesó Roberto Méndez, el CEO de la gomería Neumen: “estábamos robando con el precio de las cubiertas”.

En 2025, el total de importaciones crecieron un 24,7 % mientras las exportaciones aumentaron 9,3 %. Pero lo sorprendente es el aumento de importaciones desde China: un 53,9 % interanual, siendo que en el rubro bienes de consumo el alza fue del 93 %. No solo eso: el año pasado, en bienes de capital, el gigante asiático vendió a la Argentina tres veces y media más que los Estados Unidos; en bienes intermedios dos veces más que los yanquis.

El gobierno aplica el terraplanismo económico para analizar el “precio” como única señal de la eficiencia económica desconociendo las enormes diferencias históricas y de la estructura económica. Pero, fundamentalmente, desconociendo que su propia acción deteriora las condiciones generales para la acumulación de capital en Argentina. Adam Smith festeja en Pekín.

La impostura de Milei es tal que mientras se arrodilla políticamente ante Donald Trump, en términos económicos está entregado al “disciplinamiento” que ejercen las mercancías chinas sobre la una burguesía local atrasada en términos de productividad y dependiente tecnológicamente de las potencias económicas.

Mientras tanto, en la era Milei, más de una decena de multinacionales estadounidenses abandonaron el país. El éxodo también abarca a multinacionales de otros países: Petronas, Enap Sipetrol, Mercedes Benz, Telefónica, Southern Cross (Atria Soluciones Logísticas), SHV Holding (Makro), Profértil (de Nutrien), Dasa y Magnera. Otras tienen colgado el cartel de venta, tal el caso de Carrefour y Raízen (Shell).

El economista Iván Carrino, un defensor del gobierno, se puso las anteojeras que les ponen a los caballos de carrera para analizar la situación: afirmó que “suponiendo que toda la industria manufacturera desaparecería con la economía abierta, y que ningún otro sector absorbería esa mano de obra, solo quedarían sin trabajo el 18% de los asalariados”.

En primer lugar, Carrino minimiza lo que significaría el 18 % de los asalariados registrados: un millón doscientos mil asalariados de la industria manufacturera. En segundo lugar, la economía capitalista, aunque beneficia a un puñado de explotadores que vive del trabajo no pago a millones de asalariados, no deja de ser es un complejo interrelacionado, donde la división social del trabajo implica una gigantesca cooperación social no planificada, por lo cual no puede “analizarse” la industria como un ente autónomo. Por eso, no es novedad que la crisis industrial carcome al comercio y los servicios.

La clase trabajadora con ingresos reducidos o con un menor volumen de empleo disminuye sus consumos en los supermercados, deja de contratar a un plomero para hacer un arreglo en la vivienda, pierde la obra social o deja de pagar la prepaga, no va al cine, deja de tomarse vacaciones. De esta forma, la crisis con centro en la industria carcome progresivamente al comercio y a los servicios y avanza sobre el conjunto del aparato productivo. Sobran muestras de que esto está ocurriendo.

Dr. Ahorro, que comercializa productos farmacéuticos, cerró sucursales en los barrios de Caballito, Pompeya, Villa Devoto, Villa Lugano, Balvanera, Constitución y Saavedra, además de en varias provincias: se conocieron noventa despidos. Sus trabajadoras y trabajadores llevaron adelante medidas para exigir la reincorporación. Denuncian que “El Dr. Ahorro se está ahorrando toda la plata con nuestros salarios, vacaciones y aguinaldos adeudados, mientras prepara nuevos despidos masivos”. Price Waterhouse Coopers (PWC) es una de las cuatro firmas de servicios profesionales más grandes del mundo (una de las «Big Four») anuncio doscientos despidos. La ART del Grupo Galeno despidió otros seiscientos trabajadores.

Definir como industricidio al fenómeno en curso en el ámbito fabril puede indicar un diagnóstico derrotista sobre el resultado de la política que está llevando adelante Milei o puede indicar cuál es el objetivo de su política para establecer una pelea organizada para que ese destino no sea el único posible. La industria nacional es en realidad una industria extranjerizada: entre las quinientas grandes empresas, casi el 80 % del valor agregado corresponde a empresas de capital extranjero. La burguesía nacional, históricamente asociada a los intereses imperialistas, no presenta ninguna alternativa al desguace de industrial que busca Milei y el capital financiero internacional que quiere remodelar el país en función de sus intereses.

En la práctica, la defensa de la industria es llevada adelante por las heroicas acciones de resistencia de la clase obrera que lucha por la preservación de su trabajo y, en perspectiva, por evitar la destrucción de fuerzas productivas del país.

Los intereses antinacionales de los empresarios argentinos no constituyen ninguna novedad: es la misma clase social que llamó al golpe de 1976, que regaló el país en los noventa y que ahora busca dar un nuevo golpe a la clase trabajadora. La burguesía prebendaria, alimentada con fondos públicos, se benefició de la estatización de sus deudas, operación fraudulenta llevada adelante por el Banco Central en el final de la última dictadura cívico militar: Techint, Renault, Pérez Companc, Bridas de la familia Bulgheroni (PAE), Industrias Metalúrgicas Pescarmona (Impsa), Ford, pero también Aluar y Fate de la familia Madanes Quintanilla pasaron esa hipoteca al Estado, dando inició al ciclo neoliberal de expansión de una deuda fraudulenta que reciclada hasta el día de hoy pesa como una hipoteca que se blande como arma para ajustar a las mayorías trabajadoras.

Estos empresarios están en todas las listas de fuga de capitales de las últimas décadas como así también en las develaciones de Panamá Papers, Morgan Papers y otra que salieron a la luz y que dan cuenta de la utilización de guaridas fiscales para evadir impuestos y ocultar sus patrimonios. En el año 2001, de acuerdo a una investigación de FLACSO, Javier Madanes Quintanilla se ubicó en la segunda posición de un ranquin de las cincuenta personas que más transferencias de divisas (fuga de capitales) realizaron al exterior. Esto ocurría mientras al pequeño ahorrista se lo encerraba en el “corralito”.

Los empresarios, que para Milei son héroes y benefactores sociales (cuando su verdadera condición es la de ser explotadores), están mutando con la crisis: Paolo Rocca se convirtió en “Don Chatarrin”, Javier Madanes Quintanilla en “Don Gomita Alumínica” y Roberto Méndez es el “Señor Lengua Floja”.

Varios industriales están reconfigurando sus negocios en función de los vientos de cambio: se reconvierten a importadores o al extractivismo. Rocca hace rato juega fuerte en Vaca Muerta y el mismo presidente de la UIA, Martín Rappallini, es socio en el Proyecto San Jorge para extraer cobre en Uspallata (Mendoza), el cual es rechazado por la movilización popular que repudia la megaminería contaminante y defiende la Ley de Glaciares.

La crisis industrial no se tramita de manera exprés como la votación de la contrarreforma laboral: es un proceso abierto, que llevará tiempo, sangre, sudor y lágrimas. Incluso el ataque al mundo empresario por parte de Milei tiene en estado de alerta a la UIA y a la AEA. Es posible que la situación empiece a abrir una grieta en un sector del empresariado con el gobierno, al que apoyan para reventar a la clase obrera con la contrarreforma laboral, pero del que rechazan que destruya sus propios negocios.

Milei retrocede en la batalla de la inflación

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero arrojó un aumento del 2,9 %. Enero fue el octavo mes en el que se registró una tendencia alcista en el IPC. Entre el 1,5 % de mayo de 2025 y el 2,9 % de enero pasado, la inflación creció de forma ininterrumpida durante ocho meses y prácticamente duplicó su ritmo.

Lo más alarmante ocurre en la mesa de los argentinos: la canasta alimentaria básica aumentó un 5,8 % en un solo mes. Si se anualiza ese número, la inflación para los más pobres entre los pobres roza el 97 %.

La escalada inflacionaria ocurre a pesar que el equipo económico aplica todas las anclas posibles: principalmente, el ancla salarial (hace meses pierde frente a la inflación), el ancla cambiaria con el dólar planchado, el ancla fiscal con el ajuste de las cuentas públicas y las tarifas con aumentos por detrás de lo que desea el gobierno.

Milei parece estar perdiendo su batalla principal, y su respuesta es el clásico manual de lo que él llama la vieja política: postergar la actualización metodológica del IPC para que el termómetro no marque la fiebre.

La caída del poder de compra de los ingresos por la inflación que es fuerte entre los empleados públicos también empezó a notarse entre los asalariados del sector privado registrado, que entre agosto y diciembre (último dato disponible) perdieron contra la inflación.

La caída del poder de compra lleva al callejón sin salida del endeudamiento familiar. Pero esta salida desesperada está encontrando límites: el esquema financiero está asfixiando a las familias. Según relevó la consultora PxQ, la carga mensual de los servicios de deuda (préstamos y tarjetas) ocupa ya el 20 % de los ingresos familiares. Esto se traduce en un salto en la irregularidad de pagos: Tarjeta Naranja pasó de un 4,7 % de morosidad a un 16,3 % en un año; Mercado Libre saltó del 5,2 % al 13,5 %. El consumo no solo cae por falta de ingresos, sino por el peso de una deuda usuraria que se vuelve impagable. Esta terrible realidad puede llevar la crisis al sector privilegiado por el gobierno: el sistema financiero.

La estanflación avanza

En la primavera de 2021, Javier Milei fanfarroneaba acerca de sus intercambios sobre economía que mantenía con Domingo Cavallo: “sin lugar a dudas, es el mejor ministro de Economía de toda la historia argentina”, afirmó en aquel entonces el ahora presidente. Hace rato que Cavallo pasó a ser un “impresentable” en la consideración de Milei. Es que el exministro, uno de los responsables de la catástrofe económica, política y social del 2001, conoce bien las consecuencias del atraso cambiario y la apertura económica: Cavallo opera como una voz que viene el pasado a señalar las contradicciones que enfrenta el precario esquema económico del experimento libertariano.

El economista cordobés reapareció días atrás en TN luego de un año sin prácticamente brindar opiniones públicas. Y lo hizo para poner el dedo en la llaga: señaló que es relativamente sencillo salir de la hiperinflación, o bajar la inflación de los niveles en que la recibió Milei a los niveles actuales, pero “lo más difícil es pasar a una estabilidad completa” y a un tipo de cambio de equilibrio sostenible en el largo plazo, por lo cual la economía está entrando en una situación de estanflación, es decir una situación que combina estancamiento con inflación. Además, indicó que el gobierno de Milei opera con controles cambiarios e intervenciones, con tasas de interés inestables y altas, que conforman un combo indigerible que afecta de forma negativa a la actividad económica.

El exministro criticó la apertura externa sin una secuencia lógica, donde primero se bajen impuestos, retroceda fuerte el Riesgo País y se abarate la tasa de interés para el crédito, entre otros factores. También ponderó que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) solo tiene lugar en un país donde las condiciones generales no son suficientes para atraer inversiones. No obstante señalar correctamente varias de las contradicciones que enfrenta el esquema económico de Milei, la receta que propone Cavallo tiene un potencial explosivo: liberar todo tipo de restricciones cambiarias y subir tarifas. Lo más importante que postuló fue la necesidad de un cambio profundo: un nuevo régimen monetario, cambiario y financiero que regenere el crédito, interno y externo.

Existe otro factor en el cual el planteo del exministro es flojo: pensar que la liberalización total de la economía permitiría superar el estancamiento económico. En la reflexión de Cavallo, el estancamiento no refiere una situación coyuntural actual devenida luego del tímido rebote que experimentó la actividad en 2025 gracias al hundimiento de 2024, sino que señala, correctamente, que el estancamiento de la economía argentina es estructural: flota en los mismos niveles de actividad similares desde 2011. Cavallo señala que el momento actual es crucial como el 1991 de Carlos Menem, cuando la economía salía de la hiperinflación e iniciaba un período de estabilidad y crecimiento, pero lo cierto es que en aquel entonces el presidente peronista se montó sobre el auge neoliberal mientras que ahora la economía mundial naufraga entre un crecimiento rastrero y el estancamiento. Es decir, la economía mundial no puede empujar hacia arriba a la economía argentina como en los noventa ni como ocurrió a principios del siglo XXI gracias al empuje de China y un crecimiento vigoroso en las economías centrales.

La actividad económica en nuestro país no tiene motores que la empujen a salir de la situación de estancamiento hace tiempo. El año 2025, cerró con un crecimiento aproximado de 4,4 %. Aun así, el nivel de actividad es apenas un 2 % superior al de los años 2015 o 2017. Incluso en términos de PIB per cápita (es decir, la riqueza producida en un año divida la cantidad de habitantes), el nivel de 2025 es menor que hace quince años atrás.

La crisis devastadora de la industria no es del tipo de la destrucción creativa imaginada por el economista austríaco Joseph Schumpeter: no se trata de un “vendaval” que está renovando la economía, donde emergen nuevos modelos de negocio que superan a los antiguos y operan conduciendo a cambios estructurales.

Incluso en el ámbito donde se supone que el ministro Caputo pistea como un campeón los resultados no son los mejores. El Riego País no baja de los 500 puntos. Cavallo ponderó que hay que lograr que baje a menos de 300 para reanimar el crédito.

Existe un movimiento inversor contradictorio en Vaca Muerta que combina grandes proyectos para exportar hidrocarburos con un proceso de salida de jugadores internacionales (Exxon, Petronas, Total). En minería, la otra gran apuesta extractivista, las inversiones se mueven a cierto ritmo en el litio, pero están virtualmente detenidas en el cobre, que comprende proyectos de una escala muy superior al litio. A pesar de ciertos nichos de inversión, el gobierno de Milei enfrenta una suerte de huelga de inversiones a nivel general.

Ni liberalismo salvaje ni burguesía prebendaria

La crisis actual no es un «accidente» de camino, sino el resultado de un plan de guerra contra la clase trabajadora. Pero la salida no vendrá de la mano de esa «burguesía nacional» que hoy llora por las importaciones y la caída del consumo, pero que ayer se benefició de la estatización de sus deudas fraudulentas bajo la dictadura. Los Rocca, los Bulgheroni y los Madanes Quintanilla son los mismos que figuran en los Panamá Papers y fugan el capital que se produce en el país hacia guaridas fiscales.

Defender la «industria nacional» bajo el mando de estos empresarios es defender la continuidad de la explotación y la dependencia. La única salida realista frente al industricidio de Milei y el saqueo del capital financiero es un programa que ataque la raíz del problema.

En primer lugar, establecer el no pago de la deuda externa fraudulenta: esa deuda es una cadena que drena los recursos nacionales para alimentar la especulación y mantener al país sometidos al diseño de planes del imperialismo. Los dólares deben ir a salud, educación y un plan de obras públicas, no al FMI. La nacionalización de la banca es una necesidad para terminar con la fuga de capitales y que el crédito sea una herramienta para las necesidades sociales y no para la usura. El control estatal del comercio exterior permitiría proteger el mercado interno sin beneficiar a los monopolios amigos del poder.

En perspectiva, hay que reorganización la economía bajo gestión de las y los trabajadores en las actividades estratégicas: la producción debe planificarse de forma racional y democrática en función de lo que el pueblo trabajador necesita, no de la rentabilidad de un puñado de «héroes» de Milei que viven del subsidio estatal y el salario de hambre de las trabajadoras y trabajadores.

Frente al ocaso de los ídolos liberales y el fracaso de los empresarios prebendarios, surge la necesidad de una alternativa propia de la clase trabajadora para reorganizar el país desde abajo.

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Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.

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