Hijo del reconocido músico Rodolfo Zapata, el director técnico argentino ha forjado una extensa carrera en diez países, desde Estados Unidos hasta Bután, combinando su pasión por el fútbol con un espíritu viajero.
Rodolfo «Rolo» Zapata heredó de su padre, el popular músico y humorista Rodolfo Zapata, la pasión por el fútbol y la ética de trabajo, a pesar de la famosa canción «No vamo’ a trabajar» que interpretaba su progenitor. «Mi papá era un apasionado del fútbol, pero sobre todo de su trabajo. Le dedicaba tres o cuatro horas por día a la guitarra, eso fue lo que nos enseñó», explica Zapata (hijo) en diálogo con LA NACION.
Actualmente director técnico del Thimphu City de Bután, en el sur de Asia, Rolo Zapata ha desarrollado un perfil nómade a lo largo de su carrera. A sus 59 años, ha dirigido en diez países distintos, destacándose por elegir destinos exóticos y poco convencionales para un entrenador argentino.
Tras formarse como arquero en las inferiores de Huracán y jugar en clubes del ascenso, se recibió de director técnico en 1998. Al notar que su futuro no estaba en ser una figura destacada como jugador, decidió abrirse camino fuera de Argentina. Su primer destino fue Estados Unidos, donde dirigió un equipo de juveniles en Beverly Hills gracias a un contacto de su hermano.
«Cuando estás lejos se sufre, porque uno sabe que Argentina es un lugar maravilloso (…). Pero a veces las noticias que llegan lo muestran como un lugar conflictivo y duele mucho que te encasillen», reflexiona el entrenador sobre su experiencia en el exterior.
Tras más de una década entre Estados Unidos y Canadá trabajando con divisiones formativas y como buscador de talentos, dio el salto a equipos de mayores en Nigeria. «Cuando llegué a Nigeria me encontré con algo parecido a lo nuestro porque lo viven con mucha pasión», comenta sobre su experiencia al frente del Sunshine Stars.
Su periplo por África incluyó también dirigir en Sudáfrica, Botswana, Kenia y Ruanda, donde observó las diferencias regionales en la concepción del fútbol. «En el sur son más occidentales y viven el fútbol de manera más relajada. En contraste con los países del oeste, que son muy pasionales y sueñan con crecer para salir de la pobreza», analiza.
Con una carrera marcada por la adaptación a culturas diversas, Rolo Zapata continúa su camino en Bután, sumando experiencias y consolidando su perfil de entrenador internacional.
