Un análisis plantea los dilemas éticos y legales de las acciones unilaterales contra gobiernos dictatoriales, en contraste con el marco del derecho internacional.
En una columna de opinión publicada meses atrás, el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti se refería al caso venezolano, señalando que la jurisdicción universal para delitos contra los derechos humanos podría dificultar salidas pacíficas a crisis políticas. Semanas después, el gobierno de Donald Trump trasladaba la situación de Nicolás Maduro a las cortes de Nueva York.
El artículo del político uruguayo puso sobre la mesa un asunto de compleja interpretación: cuando un régimen dictatorial se instala en el poder vulnerando derechos humanos o amenazando la paz, ¿es aceptable que otros países ejerzan presiones militares o comerciales fuera de los marcos internacionales? ¿O deben atenerse siempre a las normas del derecho, incluso si eso prolonga la situación?
El gobierno de Estados Unidos ha actuado de manera unilateral en casos como Venezuela e Irán, fuera de los procedimientos de organismos internacionales. Estas acciones, más allá del rechazo a regímenes totalitarios, han generado un llamado global al respeto del derecho internacional.
A lo largo de la historia, quienes han avalado acciones fuera de la norma han esgrimido justificaciones prácticas o éticas, argumentando un mal momentáneo para un bien mayor. En otros casos, el accionar unilateral respondía a posicionamientos de poder global o al control de recursos estratégicos.
Los beneficios a corto plazo de este pragmatismo pueden esconder consecuencias graves para el futuro. Esto aplica tanto a soluciones militares directas como a propuestas transicionales que ignoren el orden jurídico internacional, cuyo carácter disuasivo es fundamental.
Las consecuencias de no respetar ese orden están a la vista, con amenazas de operaciones similares en otros países y la posibilidad de que diversos actores globales proclamen justificaciones «a medida» para sus acciones. Esta reivindicación del derecho internacional no constituye una defensa de regímenes tiránicos, sino una reflexión sobre los cimientos para una paz duradera.
