En medio de una crisis generalizada de la industria cinematográfica, una histórica sala municipal de Vicente López atrae a un público diverso y joven, recuperando la esencia comunitaria del séptimo arte.
Bajo los árboles de la calle Alberdi, en Olivos, una fila comienza a formarse una hora antes de la función en el Cine York. Los espectadores esperan con calma, algunos conversando o tomando mate, otros observando la fachada del lugar. Adentro, el ambiente se prepara con música y luces para la proyección, en este caso de una película del ciclo que homenajea a la Nouvelle Vague francesa.
«En un momento donde el cine está ‘domesticado’ en las pantallas, la experiencia mística y comunal reaparece en lugares como el York», afirma Juan Manuel Domínguez, director artístico de Vicente López Ciudad del Cine, una iniciativa municipal. Mientras las grandes salas comerciales reportan bajas en la taquilla, este cine de barrio se mantiene vibrante y con funciones completas.
Según datos de la consultora Ultracine, la industria cinematográfica nacional atraviesa un momento complejo, con una marcada caída en la venta de entradas durante el primer trimestre del año. En contraste, el Cine York, dependiente de la Secretaría de Cultura de Vicente López, muestra un panorama diferente.
«Este renacimiento del cine de barrio se da porque hay una política cultural sostenida que entiende al cine como acceso democrático y a la cultura como algo que genera comunidad e identidad», explica Domínguez. Después de la pandemia, el público no solo creció, sino que se diversificó, atrayendo especialmente a jóvenes.
Raúl Barragan, proyeccionista del York desde hace 20 años, observa este fenómeno: «Vienen acá porque quieren ver otras clases de películas. Buscan films más viejos. Les interesa el cine de barrio, no el comercial». Para muchos de estos nuevos espectadores, la experiencia va más allá de la película en sí.
«Cuando entrás al York sentís que estás en la fotografía de una película. El ambiente es muy diferente al del comercial», comenta Manuel Muñoz, estudiante y asiduo concurrente. Zoe García Narbaitz, otra espectadora, agrega: «Este espacio es fascinante: está limpio, cuidado y amado. ¿Cómo no vas a querer un lugar que podés asociar con memorias felices?».
El York recupera y sostiene gestos tradicionales de la salida al cine —la fila, el acomodador, la música previa—, ofreciendo una experiencia sensorial completa que, según sus visitantes, genera una conexión emocional única con el arte y la comunidad.
