Desde sus inicios en el polideportivo de Vélez Sarsfield hasta su actual rol en los Astros de Houston, la trayectoria de Marcelo Alfonsín refleja una adaptación constante a nuevos desafíos deportivos y culturales.
El béisbol, un deporte que nació en Estados Unidos en el siglo XIX, ha encontrado adeptos en diversas partes del mundo. En Argentina, Marcelo Alfonsín es uno de los profesionales que ha dedicado su carrera a este deporte, logrando insertarse en el competitivo sistema de las ligas menores norteamericanas.
Oriundo del barrio porteño de Versalles, Alfonsín se inició en el béisbol a los nueve años en el polideportivo de Vélez Sarsfield, donde practicó también otros deportes. «La mezcla de estrategia y habilidad me atrapó», recuerda sobre sus primeros contactos con el juego. Tras un distanciamiento durante su adolescencia, retomó la actividad de manera definitiva al finalizar sus estudios universitarios.
Su compromiso lo llevó a dirigir de forma voluntaria la categoría U18 en Vélez, mientras trabajaba en una empresa de telecomunicaciones. A los 30 años, decidió dejar su empleo estable para dedicarse por completo al béisbol, siendo contratado como profesor por el club. Esta decisión marcó el inicio de un camino que lo llevaría a colaborar con los seleccionados metropolitanos y, posteriormente, con la Selección Nacional argentina en distintas categorías.
La pandemia de COVID-19 representó un período de incertidumbre, durante el cual Alfonsín se capacitó y mantuvo el contacto con sus jugadores de manera virtual. Fue en ese contexto cuando surgió su primera oportunidad internacional, a través de un contacto con el sistema de los Cincinnati Reds. Aunque no resultó seleccionado en esa ocasión, el proceso le abrió las puertas para postularse a otros equipos, logrando finalmente un contrato con la organización de los Astros de Houston.
Su experiencia internacional comenzó con una estadía de tres años en República Dominicana, donde enfrentó desafíos como la adaptación lingüística y las diferencias culturales. «Tuve que dejar de decir ‘vos’ y usar ‘tú’, o cambiar la forma de pronunciar palabras», señaló sobre el proceso. Posteriormente, se trasladó a Estados Unidos, donde trabajó con los Carolina Mudcats en Carolina del Norte antes de llegar a Appleton, Wisconsin. «El primer mes nos morimos de frío», afirmó sobre su llegada a este último destino, destacando el contraste con su vida en Buenos Aires.
Actualmente, Alfonsín se desempeña en Houston, donde la rutina es intensa durante la temporada, con aproximadamente 130 partidos en cinco meses. «Los partidos empiezan a las siete de la tarde, pero antes del mediodía ya estoy en el estadio trabajando», describió sobre su jornada laboral. Su historia ejemplifica un camino de perseverancia y adaptación en un deporte que requiere paciencia y dedicación a largo plazo.
