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El Diablo viste a la moda 2: el regreso de un fenómeno cultural que vuelve a marcar las reglas del estilo

A 20 años del estreno de la película que revolucionó la mirada sobre la industria textil, llega la secuela con una gira mundial que ya es noticia por sus looks y referencias.

Hace 20 años, El Diablo viste a la moda (en Argentina conocida como El Diablo viste a la moda) no fue simplemente una película sobre una jefa mala, Miranda Priestly, que hace alusión a la mismísima Anna Wintour y dirige la revista Runway como si se tratara de Vogue. Fue el momento en que la cultura de masas finalmente entendió que la moda es una maquinaria económica y artística que dicta cómo nos vestimos.

El monólogo del “azul cerúleo” de Meryl Streep (Miranda en la pantalla) sigue siendo hoy la mejor lección para entender a la industria. En una escena magistral, la editora destruye la ingenuidad de su asistente Andy Sachs (interpretada por Anne Hathaway), al explicarle que el suéter que lleva puesto, y que ella cree haber elegido al azar en liquidación, es en realidad el resultado final de una cadena de decisiones tomadas años atrás por diseñadores y editores de élite. Así, le demuestra que nadie está fuera del sistema: la moda no es solo estética, sino un negocio que filtra la sofisticación de las pasarelas (Oscar de la Renta había presentado una colección de vestidos azul cerúleo en 2002), hasta llegar al armario de cualquier persona.

La transformación de Andy de periodista intelectual que despreciaba la ropa a una mujer que deslumbraba con sus outfits y accesorios eclipsó la relación de toda una generación con el estilo. Vimos a Chanel, Valentino y Dolce & Gabbana no como etiquetas de lujo, sino como herramientas de poder. Esta película dio acceso al interior del sector e hizo desear al gran público, aunque fuera por un segundo, ser parte de ese caos glamoroso donde el café tenía que estar siempre caliente y los vuelos se trataban de conseguir aún en medio de un huracán.

La última edición de los Premios Oscar nos regaló un momento para la historia que ganó en las redes sociales. Ver a la actriz que dio vida a Andy Sachs junto a Anna Wintour, la directora editorial global de Vogue, fue un deleite para los amantes de la moda. Hathaway llevó un vestido alta costura de Valentino, firmado por su nuevo director creativo Alessandro Michele, un diseño que no logró convencer del todo a la mítica jefa de la revista estadounidense en el escenario del Dolby Theatre. Juntas presentaron el premio al Mejor Diseño de Vestuario y fue, sin duda, el momento más sofisticado y comentado de toda la ceremonia, sobre todo porque cuando Hathaway le pregunta a Anna si se ve bien con su vestido, Madame Vogue la ignora y se pone a leer el ganador de la estatuilla con mucho humor.

Si la película original dejó ganas de más, el tour de prensa mundial para el estreno de la secuela, que llegó a las pantallas este 30 de abril, superó cualquier expectativa de la crítica especializada. Fue mucho más que promoción, fue una exhibición donde cada prenda contó una historia. En el arranque de la gira en Ciudad de México, el Museo Anahuacalli fue testigo de un despliegue fashion que dejó al mundo sin aliento. Anne Hathaway reafirmó su estatus de ícono luciendo un mini vestido de lentejuelas combinado con botas altas de Stella McCartney. También sorprendió con un diseño de Schiaparelli en negro con flecos, acentuado por un cinturón dorado de la firma francesa. Y en Seúl, se animó a un vestido de cuero rojo de Pierpaolo Piccioli para Balenciaga.

Por su parte, la eterna Meryl Streep demostró que Miranda Priestly no perdió ni un ápice de autoridad. En México, optó por un vestido azul satinado de Schiaparelli y un impactante traje rojo de Dolce & Gabbana con una blusa de lazo al cuello, una silueta clásica de la jefa de Runway. Pero fue en Seúl donde elevó la apuesta con un conjunto de Chanel en rojo con acentos blancos y negros y flecos, que completó con los legendarios zapatos bicolor de la firma y joyería de Bvlgari. Otro look que fue de la partida fue un traje sastre de Prada al que le sumó un cinto de cuero marrón para marcar la cintura. La actriz deja todos sus outfits a cargo de la estilista Micaela Erlangery jamás decepciona.

Sin embargo, fue en el cierre de la etapa asiática en Shanghái donde la dupla alcanzó su pico de magnetismo. Hathaway deslumbró con un etéreo vestido de volados en tonos pastel de la diseñadora china Susan Fang, combinado con zapatos transparentes de Gianvito Rossi, mientras que Streep canalizó el poder absoluto con un vestido-abrigo azul cobalto de Saint Laurent, coronado por un broche de diamante en forma de hoja de Cindy Chao. Emily Blunt, la tercera protagonista del filme, quien interpreta a la ahora poderosa Emily Charlton, se animó a jugar con la estructura y la vanguardia. Sus looks de rodaje ya nos habían dado pistas, desde pantalones de Nili Lotan con zapatos Prada, hasta ese mono de Tom Ford que combinó con un bolso de Valentino. En la gira, mantuvo esa línea de ejecutiva de lujo que no teme a los diseñadores emergentes ni a los clásicos como Jean Paul Gaultier, de quien lució un impecable conjunto de raya diplomática.

La nostalgia es el hilo conductor de este tour. Meryl Streep rompió Internet recientemente al aparecer con un suéter azul cerúleo de J. Crew, una referencia directa a la escena icónica de la primera película, demostrando que el legado de Miranda Priestly sigue más vigente que nunca.

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