El cantante argentino Federico Giannoni, conocido como Emanero, repasa los hitos que definieron su trayectoria musical, desde sus inicios en el rap hasta su consagración en la cumbia melódica.
Toda escena musical tiene una rareza; a veces por lo que propone, a veces por el lugar tiempo-espacio que le ha tocado. Emanero (Federico Giannoni), un porteño que bordea los 40 y que conquista públicos con su estilo de crooner de música tropical y urbana («Sinvergüenza», «Atorrante», «Peligrosa», «Adicto», «Borracho y loco», entre otros éxitos), busca su camino a cada paso desde los 11 años. Dos números lleva tatuados: 1987, el de su nacimiento, y 1998, porque durante ese año abrió una ventana imaginaria a lo que quería hacer con la música. Luego, el tiempo y la experiencia lo llevaron por otros rumbos; comenzó con el rap y hoy no para de cosechar éxitos con canciones de cumbia melódica que interpreta trajeado, de riguroso negro, frente a un micrófono.
Hace unas semanas dio su último show en el Movistar Arena, donde estrenó un nuevo espectáculo para presentar su álbum Todo por un beso. Al día siguiente se lo veía satisfecho, luego de una noche con un gran desfile de invitados (Antonio Ríos, Ariel Puchetta, BM, Luciano Pereyra, Cacho Deicas, Valentino Merlo, Big One y Ángela Torres). Tiene por delante una veintena de shows hasta fin de año, de Bahía Blanca a Jujuy, y de Madrid a Mallorca, Málaga y Barcelona.
“Busco que la gente se vaya contenta, que baile, que se entiendan en algunos momentos qué queremos generar entre canción y canción. Tengo dos etapas en mi carrera que chocan bastante fuerte en el buen sentido. Contrastan. Lo introspectivo y personal de hace años y las canciones bailables y menos autorreferenciales de los últimos tres”, comenta.
—Algunas de esas canciones dan la sensación de que son varias facetas de una misma persona. “Bandido”, “Atorrante”, “Sinvergüenza”, “Borracho y loco”…
—Sí, no somos un solo personaje. Somos muchos los que llevamos dentro. Estoy convencido de que todas las personas, dependiendo de la situación, podemos mutar de un personaje a otro. O distintas etapas de la vida nos ponen en distintos lugares de la película. Además, dejé de ver solamente lo que me pasaba a mí para mirar lo que le pasaba a mi entorno y así empecé a jugar con canciones y personajes mezclados.
—Hace 15 años transitabas el rap. Hoy no sonás como entonces, aunque hay cosas que pueden tener vigencia. En el disco Arjé cantás el tema “Más tenemos, más queremos”, que dice: “Inconforme, un presidente invade otra nación”.
—Sí, y quizá en ese momento cometí un error. Esa letra busca ser exagerada y caricaturesca para plasmar un concepto: buscar lo que queremos y no conformarnos cuando lo tenemos. Pero hay algo bastante naïve porque una persona no invade un país sólo por inconformismo. A eso me refiero. Hay otras cuestiones más serias, más de fondo para algo así. En ese momento (fue en 2007 cuando la escribí) lo que teníamos más presente era la Guerra de Irak, pero luego vemos que se van repitiendo patrones. Y todo eso está muy lejos de lo que le pasa a la gente.
—Arjé, el nombre de ese disco, responde a un concepto filosófico. Hoy tu música parece más directa. ¿Qué tan lejos estás hoy de aquello?
—Hay dos cosas. Por un lado, las de ahora son otro tipo de canciones. Por otro, uno va creciendo y mientras eso sucede, va eligiendo qué quiere decir y callar. Incluso una misma situación, en perspectiva, se ve de otra manera. Pero me gusta que aquellos momentos hayan quedado grabados y que envejezcan bien. Si hubiera hablado de la Guerra de Irak, hubiese quedado anclado a ese momento. A mí me encanta esa cosa que tenía Tato Bores. De algún modo su humor era tan universal. Ojo, también es necesario que haya arte disruptivo y puntual y que hable de un tema porque eso puede cambiar una época o desatar una revolución. Pero yo siempre intenté ser lo más universal posible. No hablar de un país, no hablar de una situación puntual, sino de las emociones universales que hay atrás de eso: el amor, el odio, la venganza. Creo que, después, cada uno es el encargado de ubicarlas en una situación personal.
—¿Vestir con saco, camisa y corbata fue una de las principales decisiones artísticas de tu carrera?
—No lo había pensado de esa manera, pero sí, definitivamente debe estar dentro de las tres o cuatro decisiones más importantes. Otra tiene que ver con el espacio que me dieron en esta casa (habla del estudio que tiene montado en la productora Fifty One Music). El traje, por ejemplo, tiene dos o tres momentos. Cuando me lo proponen para un video, cuando lo volvemos a usar en otras canciones y cuando decidimos llevarlo al show. En ese momento no lo vi como una decisión sino como algo que se fue dando.
—¿Cómo conviven el tipo del traje y el rapero de la gorrita? ¿Dos caras de una moneda?
—No, porque no son caras antagónicas. Yo escribí “Bandido” pensando en rap, como un ritmo en 4 por 4 con un beat a 90. Más rap que eso, imposible. Y lo que me pasó es que llegué al género tropical sin vicios, con virtudes, errores y aciertos.
