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La transformación de un campo de 2400 hectáreas en La Pampa hacia la ganadería regenerativa

El establecimiento La Florida, en Luan Toro, pasó de un modelo tradicional degradante a un sistema de pastoreo rotativo que mejoró la productividad y la salud del ecosistema.

La historia del establecimiento La Florida, en La Pampa, comienza en 1928, cuando el abuelo de Gabriel Justo adquirió el campo. En aquel entonces carecía de infraestructura y capital de trabajo, por lo que fue arrendado durante varios años. En 1960, el padre de Justo, licenciado en Ciencias Biológicas, incorporó ideas orientadas al mejoramiento del sistema productivo tradicional. “Muchas prácticas predominantes resultaban perjudiciales para el pastizal natural”, recuerda Gabriel Justo, tercera generación y actual responsable.

“En 1980 asumí la conducción del campo, que tenía una buena base forrajera pero limitaciones en infraestructura y recursos. Avanzamos mediante la capitalización de hacienda, la subdivisión de potreros y la mejora en la disponibilidad de agua. La premisa central fue conservar los recursos, producir de manera más sustentable y maximizar el aprovechamiento del pasto sin degradarlo”, agrega.

El establecimiento tiene 2400 hectáreas y está ubicado en Luan Toro, departamento de Toay, a 80 km de Santa Rosa. Recibe 550 mm anuales de precipitación, con alta variabilidad: lluvias escasas en primavera y concentradas en verano. La zona registra alrededor de 90 heladas anuales, de las cuales unas 30 tienen temperaturas inferiores a 7°C, y en verano se superan los 40°C. Los suelos son franco-arenosos en lomas y limosos en bajos. El pastizal natural tiene producción predominantemente invernal, con especies como flechilla negra y Poa ligularis.

El campo forma parte del Caldenal, un ecosistema con bosques de caldén, arbustos y pastizales. En la década de 1980, el establecimiento aún no tenía carga adecuada de hacienda ni infraestructura. Se inició un proceso de capitalización con vientres Braford, subdivisión de lotes e instalación de aguadas. “El agua tiene altos contenidos de sodio y sulfato de magnesio, lo que limita las razas británicas puras. Por eso optamos por Braford, que se adapta bien”, explica Justo.

Inicialmente había siete potreros; hoy son 45 lotes con pastoreo rotativo y alambrado eléctrico. La superficie promedio de las parcelas es de 55 hectáreas, con extremos de 5 a 150 hectáreas. Esto contrasta con los sistemas tradicionales de la zona, donde campos de 2500 hectáreas tienen dos a cuatro potreros pastoreados casi sin descanso. En esos sistemas se sostienen 400 vacas y se destetan 300 terneros, con menos de 20 kilos de carne por hectárea.

En La Florida, el índice de ocupación instantánea se mantiene entre el 5% y el 15%, lo que significa que entre 120 y 360 hectáreas están en pastoreo en un momento dado, mientras el resto descansa. Algunos lotes tienen rebrote de un mes; otros, de 8 a 10 meses. Este manejo evita la degradación y pérdida de especies forrajeras valiosas. “Los descansos planificados permiten la recuperación de especies de mayor calidad”, concluye Justo.

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