El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años superó brevemente el 5% esta semana, cerca de máximos de dos décadas, impulsado por temores inflacionarios y la guerra en Medio Oriente.
En algunos círculos de Wall Street, el debate más intenso no gira en torno a una burbuja de acciones tecnológicas ni a si el petróleo a US$100 es la nueva norma. Es si los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años avanzarán de manera sostenida por encima del 5%.
Esa tasa, que determina los costos de endeudamiento de largo plazo del gobierno de EE.UU., superó brevemente ese nivel esta semana, lo que la dejó cerca de un máximo de dos décadas y apenas por debajo del pico de fines de 2023, cuando la Reserva Federal todavía intentaba contener el repunte inflacionario posterior a la pandemia.
El giro ha sido impulsado en gran medida por el temor a que los precios al consumidor vuelvan a dispararse debido al shock petrolero desatado por la guerra de EE.UU. contra Irán. Pero también inciden otras fuerzas. La economía ha mostrado una resiliencia sorprendente. El déficit presupuestario ha provocado oleadas de emisión de bonos que han elevado la deuda por encima del 100% del producto interno bruto. Y pese a la presión del presidente Donald Trump para que la Fed reduzca su tasa de referencia, los operadores apuestan a que, incluso con Kevin Warsh al mando, el próximo movimiento del banco central será un alza.
Rendimientos elevados de los bonos tendrían repercusiones en los mercados globales, la economía y la política: encarecerían tarjetas de crédito, hipotecas y préstamos empresariales, frenarían el crecimiento y marcarían una ruptura con la era de bajo endeudamiento tras la crisis financiera global.
“Un rendimiento de 5% es un umbral psicológico que tiende a reavivar las preocupaciones sobre los vigilantes de los bonos y tasas de interés más altas hacia adelante”, dijo Gennadiy Goldberg, jefe de estrategia de tasas de interés de EE.UU. en TD Securities.
Los movimientos del mercado de bonos prolongan un período desconcertante para los analistas desde el fin de la pandemia, que desató el mayor salto inflacionario desde comienzos de la década de 1980. Tras el desplome de los bonos del Tesoro en 2022 por el endurecimiento de la Fed, muchos inversionistas esperaban un repunte ante una eventual recesión, pero se vieron sorprendidos por la fortaleza de la economía. Incluso después de que el banco central comenzara a flexibilizar en 2024 —y la guerra comercial de Trump oscureciera el panorama—, los rendimientos de los bonos del Tesoro no bajaron, en parte porque los operadores ya los habían incorporado en los precios. De hecho, los rendimientos a 30 años han subido casi un punto porcentual desde entonces, el mayor aumento durante un ciclo de flexibilización de la Fed desde al menos la década de 1980.
“El tramo largo parece relativamente rígido en el nivel de 5% y veremos si eso se mantiene”, dijo Brij Khurana, gestor de cartera en Wellington Management. “El mercado de bonos está reaccionando a las presiones inflacionarias de la guerra, pero también al crecimiento sustancial que hemos tenido en los últimos meses”.
Desde fines de febrero, la guerra alteró el panorama y dejó a los inversionistas evaluando si el alza del petróleo será temporal o si bastará para avivar la inflación y descarrilar la expansión económica de EE.UU. La tasa de equilibrio a 10 años de EE.UU., que refleja las expectativas de inflación de los inversionistas en bonos para la próxima década, ha subido casi 20 puntos básicos desde que comenzó el conflicto, mientras que el crudo Brent saltó 40%.
Con el estrecho de Ormuz todavía cerrado y el petróleo cerca de US$100 por barril, los operadores apuestan a que las autoridades del Reino Unido y Europa necesitarán empezar a subir las tasas para contener el impacto. En EE.UU., los swaps indexados a tasas overnight descontaban hace apenas tres semanas una probabilidad de 43% de un recorte de tasas de la Fed para marzo del próximo año, pero ahora señalan más de 20% de probabilidad de un alza.
“Incluso si el estrecho se reabre, cualquier repunte inicial de alivio puede ser breve”, dijo John Canavan, analista de Oxford Economics. “Tomará un tiempo considerable que la producción petrolera vuelva a la normalidad”.
