Thibault Philip, un diseñador francés, reutiliza intestinos animales descartados por la industria alimentaria para crear piezas únicas que cuestionan el uso de los recursos y revaloran técnicas ancestrales.
En un taller de la región francesa de Bretaña, el diseñador Thibault Philip trabaja con un material atípico: tripas naturales, un subproducto de la industria cárnica local. Su trabajo consiste en transformar estos descartes en esculturas luminosas, objetos y líneas de mobiliario, explorando así un potencial creativo ilimitado y reconfigurando nociones estéticas convencionales.
Las piezas, etéreas y traslúcidas, crean ambientes con identidad propia. Philip, graduado de la Escuela de Bellas Artes de Rennes, utiliza recortes conservados en salmuera que luego enjuaga, trenza y superpone. Mediante técnicas específicas de secado y refrigeración, y aprovechando el colágeno natural como adhesivo, logra piezas livianas pero muy resistentes, donde cada una es única.
A cierta distancia, las lámparas, máscaras, vasos y objetos decorativos asumen la apariencia de una piel suave, similar al papel, lejos de evocar vísceras. Los materiales son teñidos con tinturas vegetales o tinta de calamar. Este proceso traza un camino para investigar materiales de origen vivo, reducir insumos petroquímicos y revalorizar técnicas ancestrales, en contraste con la tendencia actual hacia bioplásticos de laboratorio.
Philip se define como un explorador de membranas orgánicas y un observador de los ciclos naturales. Recientemente fue seleccionado para una residencia del programa Nouveau Grand Tour NL del Instituto Francés.
En su proceso, colabora desde hace seis años con GBB Boyau Breton, una empresa especializada en el control de calidad de intestinos, que le provee material descartado por no cumplir con los estándares de la industria alimentaria. El diseñador enjuaga la salmuera de conservación y trabaja el material sin agregados sintéticos.
Si bien no busca trabajar con todos los tipos de intestinos, le interesan especies con fuerte carga simbólica, como la ballena, por su presencia en mitologías y culturas como la inuit. Su curiosidad por el mundo vivo nació en su infancia, al contrastar la rigidez urbana de París con la exploración de la naturaleza durante sus vacaciones, una fascinación que persiste en su trabajo actual de observar y acompañar la transformación de la materia biológica.
