En Shenzhen, China, se inauguró el Puente del Sendero Kunpeng N°1, un corredor ecológico que conecta áreas verdes y promueve la conservación de la biodiversidad en entornos urbanos.
En China, el ritmo de crecimiento económico, industrialización y urbanización fue brutal, continuo y acelerado. Nada lo detuvo: ni las zonas de sacrificio ambiental, ni los niveles de polución del aire, ni ocupar –junto con Estados Unidos e India– el podio de los mayores emisores de gases de efecto invernadero. En una paradoja que permanece abierta, el país donde nació el taoísmo es, hoy, tierra de extremos. Hasta hace poco, smog, energías fósiles y avance sin pruritos. Desde hace menos y en paralelo: liderazgo en energía eólica, gestión ecológica y descenso en los niveles de contaminación del aire. E iniciativas como la que aquí vemos: en la ciudad de Shenzhen, provincia de Guangdong, el Puente del Sendero Kunpeng N°1 es un “sendero ecológico” que, en sintonía con experiencias similares en algunos países europeos, busca conservar la biodiversidad en áreas urbanas.
