El número uno del mundo expresó su malestar por el reparto económico en los torneos de Grand Slam y no descartó medidas extremas. La discusión entre jugadores y organizadores escala en el circuito.
“Se trata más del respeto. Porque creo que damos mucho más de lo que recibimos”. La frase de Jannik Sinner expuso este jueves, en Roma, el malestar que crece entre los principales tenistas del circuito por el reparto económico en los torneos de Grand Slam. El italiano, número uno del mundo y una de las voces más influyentes de la actualidad, evitó confirmar que apoyaría un boicot, aunque dejó una puerta abierta: “En algún lugar tenemos que empezar”.
La discusión entre los jugadores y los organizadores de los cuatro grandes —Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open— escaló en las últimas semanas luego de que los tenistas consideraran insuficiente el aumento de premios anunciado por Roland Garros para la edición 2026. El conflicto tiene detrás una disputa más profunda: el porcentaje de los ingresos que reciben quienes compiten.
El año pasado, gran parte de las principales figuras del tenis firmaron cartas dirigidas a los responsables de los Grand Slams para reclamar un incremento en los premios, una mejora en los fondos de bienestar y jubilación, licencias por maternidad y una mayor participación en las decisiones del circuito. Entre los pedidos centrales apareció una cifra concreta: que los jugadores reciban el 22% de los ingresos generados por los torneos. Según sostienen los tenistas, Roland Garros destinará apenas un 14,9% de sus ingresos a premios en 2026, incluso después de anunciar un incremento global cercano al 10%, con una bolsa total de 61,7 millones de euros (equivalente a 72,1 millones de dólares). La diferencia entre el crecimiento económico de los torneos y lo que perciben los jugadores alimentó el descontento.
“No es agradable que después de un año ni siquiera estemos cerca de concluir lo que nos gustaría conseguir”, afirmó Sinner en la conferencia de prensa previa a su debut en el Masters 1000 de Roma, donde enfrentará al austríaco Sebastian Ofner o al estadounidense Alex Michelsen. El italiano también marcó que el reclamo no involucra solo a las grandes estrellas del circuito. “No es solo para los mejores jugadores; es para todos nosotros”, señaló.
Más adelante, en declaraciones en italiano, insistió: “Hemos estado callados durante mucho tiempo y ahora llegó el momento de alzar la voz. No estamos pidiendo el 50%; ni siquiera nos atreveríamos. Pero ahora mismo estamos recibiendo demasiado poco”.
La posibilidad de un boicot tomó fuerza después de las declaraciones de Aryna Sabalenka. La bielorrusa, también número uno del ranking femenino, aseguró esta semana que los jugadores deberían analizar medidas extremas para presionar a los organizadores. Sus palabras generaron impacto inmediato en el circuito y obligaron a las principales figuras a pronunciarse. Sinner eligió la cautela, aunque comprendió la postura de sus colegas. “Entiendo que los jugadores hablen de boicot porque en algún punto también tenemos que empezar. Esto ya lleva mucho tiempo. Luego veremos en el futuro”, sostuvo.
La expectativa ahora se trasladó a Wimbledon y al US Open. El torneo londinense todavía no anunció oficialmente el dinero en premios de este año, mientras que el Abierto de Estados Unidos ya había aumentado su bolsa en un 20% para la temporada pasada. Australia, en tanto, incrementó un 16% sus premios en enero. “Creo que en las próximas semanas también sabremos el dinero en premios que vamos a tener en Wimbledon. De verdad esperamos que sea mejor”, expresó el italiano.
En paralelo, Novak Djokovic respaldó públicamente el reclamo de los jugadores, aunque aclaró que no participa de manera directa en esta negociación. El serbio, uno de los impulsores históricos de la Asociación de Tenistas Profesionales (PTPA), destacó el rol que asumieron las nuevas figuras del circuito. “Me alegra que haya disposición por parte de los líderes de nuestro deporte para dar un paso al frente y comprender cómo funciona la política del tenis”, dijo Djokovic. Y agregó: “El tenis, como cualquier gran deporte global, es un gran negocio”.
El conflicto expone una tensión estructural dentro del deporte. A diferencia de otras disciplinas, el tenis reparte el poder entre siete organismos: los cuatro Grand Slams, ATP, WTA y la Federación Internacional de Tenis. Esa fragmentación vuelve más complejas las negociaciones y dificulta la construcción de acuerdos duraderos. Mientras tanto, el circuito empieza a endurecer su postura. Y aunque nadie se anima todavía a hablar de una ruptura definitiva, las palabras de Sinner dejan abierta la puerta a futuras acciones.
